Adís Syncopa
Feria partícipe del boom de la naturaleza
Tu rareza sangra con fervor de cimba
Chimba absurda de bemol tramposo
Coso esbozo del bajo subrubor
Pudor baboso con temas múltiples
Tiples yertos como calor de acuarios
varios tonos fomentan yerba
erva cae con tonel de flacos
pacos laicos de pobreza
besa cosa besa entera
era viernes y domingo
bingo unísono
monociclo joven
oven, hot oven warmed
médico galleta
betamaces nébulas
fábulas teresas
esas fresas son cerezas
tus ayunos son rareraz.
19 noviembre 2008
09 noviembre 2008
Baño para vírgenes
Bajo mi – línea re mi sube hasta remi
Creiste estar en ese baño para vírgenes
Si viste el cisne cuando al derramar
Fijaste la cabeza en sienes de pepsamar
Como la ampolla para los genes
Juego de sol bemol y do bemol como grito industrial
Caen los reflejos como grito industrial
Juego de palanca la y sol sin la nota del, ddedo corazón
Pérdida del pie
Comisura del fenómeno
Música del mies
Besos, agurio del fenómeno
Juego de la mañana
Estrella en la papaya
Creiste estar en ese baño para vírgenes
Si viste el cisne cuando al derramar
Fijaste la cabeza en sienes de pepsamar
Como la ampolla para los genes
Juego de sol bemol y do bemol como grito industrial
Caen los reflejos como grito industrial
Juego de palanca la y sol sin la nota del, ddedo corazón
Pérdida del pie
Comisura del fenómeno
Música del mies
Besos, agurio del fenómeno
Juego de la mañana
Estrella en la papaya
05 noviembre 2008
ANEMOFÍLICO
Cosas amarillas revolotean
Danzan fieras, me golpean,
Tus colores en garrapateas
Cosas mugres se pisotean
Como hangares de veneno
Caen los hijos del desenfreno
Cosas móviles chispean
Sobre la garganta de las gasolinas
Los tontos pierden sus golosinas
Cosas hartas evirulean
Sus muertos entre vasijas
Lamiendo las cosas fijas
Cosas fuertes se corretean
Sobre las pistas de la voz
Donde las cosas se aparean.
Danzan fieras, me golpean,
Tus colores en garrapateas
Cosas mugres se pisotean
Como hangares de veneno
Caen los hijos del desenfreno
Cosas móviles chispean
Sobre la garganta de las gasolinas
Los tontos pierden sus golosinas
Cosas hartas evirulean
Sus muertos entre vasijas
Lamiendo las cosas fijas
Cosas fuertes se corretean
Sobre las pistas de la voz
Donde las cosas se aparean.
25 septiembre 2008
Haz de polvos amarillos
Atravesándose, un espejismo de gargajos verdes y un crujido cristalino, bajo el régimen absoluto de la estrella más famosa. Hacía calor en mediodía y todos estábamos sudados.
Ese incómodo procedimiento siderúrgico hizo que me fuera de allí, ojos magnetizados por el centro del abismo, manos amarradas al yugo y desaparecí. Había que encaramarse por encima de la puerta, pues abrirla se hacía más difícil con la benevolencia del óxido marino. Había un rocío a las diez de la mañana que a todos los mojaba, los intoxicaba la baba de crustáceo y la penitencia de girar hacia dentro, como arremolinándose mareas y culpas hacia donde empiezan los brazos en el cuerpo. Mi articulación está rota, pues tiene engranes débiles, un tendón desnutrido que ceder. ¿Quién quiere ser tan fuerte como para ser el único capaz de destrozarse?
El ronquido de la máquina siempre trae violencias cómodas a mi espalda, el grumo se relaja y el rostro se configura para condensar esos fríos mentales gaseosos en un rígido y abrupto rostro impenetrable. La sonrisa alcanza los peores antros de la malicia cuando tiembla el futuro y se puede adivinar. Caracoles, quién deduce el afán de los caracoles. Quién le rasca la espalda a los maricas, ¿quién lo vio subirse? El copiloto tiene la piel al revés, prefiere la conclusión que el orgasmo. Él dice que en esta ciudad hay un fantasma intermitente que pellizca con la distorsión de madrugada. El nuevo sentido: el regalo a mis enamoradas tiene la hierba sensible, puede caerse con una mentira detrás del escondite de los besos, con los temblores más fríos y las caídas más lentas. La peste de murciélago, bandido de las preguntas, germen místico, palabra o halago, o egofonía, ahora sí quiero de esa comida servida sobre la mesa sucia pero reluciente de donde escapé. Mi apetito era como un niño nuevo y tantos ojos lo acongojaron. Quiero que me diga para donde vamos o me deje solo para masturbarme. Bueno, vamos entonces a esa ciénaga a reventar gallinas con el pensamiento, a vaciarles las mollejas porque estamos aburridos. Antes de la ciénaga, al margen de la carretera, vimos en el arenal de tierras amarillas a un buldózer encadenado a una estaca y por la boca se le escurría la saliva y tenía los músculos muy grandes y sudaba, porque era mediodía y el rocío ya había sido hace rato y había una avestruz gris que lo iba a picotear, que no metía la cabeza en la tierra, porque era amarilla, bajamos la velocidad y la abominación le mordió las alas, seguimos hasta la ciénaga porque había salido mucha sangre del cuerpo incómodo del ave, de zancas impresionantes, calva y parda, de ojos pequeños, como la mitad de un huevo de gallina sobreviviente al fusilamiento telepático de la ciénaga. Y la avestruz era bella, porque caminaba estúpida alrededor del perro, con sus piernas impresionantes, haciendo nubes en la tierra amarilla, bajo la estrella más famosa, calentándose sus desnudas plantas, qué genio habrá inventado las medias y los zapatos y la telepatía. Giré el volante porque el avestruz no sanaba, ni en mi cuerpo ni en el suyo. Esta vez con lesiones más graves en el tiempo, aparcamos y apagamos, se detuvo el ronquido y el mamífero temblaba de furia con la imagen del ave que caminaba herida y libre. ¿Por qué estaba encadenado el perro? Ya no salía sangre y parecía ser un cuerpo fuerte el que atendía las urgencias de la herida, subimos otra vez, por encima otra vez y lo hice roncar, un relincho de caballo metálico envolvió el auto en un meteorito afanado hacia la ciénaga y vimos hacia atrás como el prisionero clavaba sus dientes babosos en la espalda suave y como gritaba inmóvil, el día, el espejismo de gargajos verdes. No regresamos esta vez, tenían que matarse y abastecerse. Ya en la ciénaga el copiloto llevaba un número mucho mayor de gallinas muertas, es que estaba distraído, el buldózer debía estar arrastrando el cadáver hasta su estaca y satisfecho, dejaría el cuerpo a la rapiña y estas aves pequeñas graznarían porque están comiéndose a la de los huevos más grandes, quería devolverme y este mozalbete sí está haciendo lo que se hace en la ciénaga, explotar las gallinas con el pensamiento, devolvámonos, pronto, hay un avestruz despavorida, haciéndose idéntica a su calavera, explotémoslo, al buldózer.
Atravesados, como gargajos verdes en el sol, rápido llegábamos al círculo antes de la ciénaga, de tierra amarilla, en un espejismo de gargajos verdes, el copiloto mudo y yo, estábamos sudados, bajo la estrella más famosa que calentaba lo sesos polvorientos en el cráneo del buldózer, que una avestruz picoteaba.
Ese incómodo procedimiento siderúrgico hizo que me fuera de allí, ojos magnetizados por el centro del abismo, manos amarradas al yugo y desaparecí. Había que encaramarse por encima de la puerta, pues abrirla se hacía más difícil con la benevolencia del óxido marino. Había un rocío a las diez de la mañana que a todos los mojaba, los intoxicaba la baba de crustáceo y la penitencia de girar hacia dentro, como arremolinándose mareas y culpas hacia donde empiezan los brazos en el cuerpo. Mi articulación está rota, pues tiene engranes débiles, un tendón desnutrido que ceder. ¿Quién quiere ser tan fuerte como para ser el único capaz de destrozarse?
El ronquido de la máquina siempre trae violencias cómodas a mi espalda, el grumo se relaja y el rostro se configura para condensar esos fríos mentales gaseosos en un rígido y abrupto rostro impenetrable. La sonrisa alcanza los peores antros de la malicia cuando tiembla el futuro y se puede adivinar. Caracoles, quién deduce el afán de los caracoles. Quién le rasca la espalda a los maricas, ¿quién lo vio subirse? El copiloto tiene la piel al revés, prefiere la conclusión que el orgasmo. Él dice que en esta ciudad hay un fantasma intermitente que pellizca con la distorsión de madrugada. El nuevo sentido: el regalo a mis enamoradas tiene la hierba sensible, puede caerse con una mentira detrás del escondite de los besos, con los temblores más fríos y las caídas más lentas. La peste de murciélago, bandido de las preguntas, germen místico, palabra o halago, o egofonía, ahora sí quiero de esa comida servida sobre la mesa sucia pero reluciente de donde escapé. Mi apetito era como un niño nuevo y tantos ojos lo acongojaron. Quiero que me diga para donde vamos o me deje solo para masturbarme. Bueno, vamos entonces a esa ciénaga a reventar gallinas con el pensamiento, a vaciarles las mollejas porque estamos aburridos. Antes de la ciénaga, al margen de la carretera, vimos en el arenal de tierras amarillas a un buldózer encadenado a una estaca y por la boca se le escurría la saliva y tenía los músculos muy grandes y sudaba, porque era mediodía y el rocío ya había sido hace rato y había una avestruz gris que lo iba a picotear, que no metía la cabeza en la tierra, porque era amarilla, bajamos la velocidad y la abominación le mordió las alas, seguimos hasta la ciénaga porque había salido mucha sangre del cuerpo incómodo del ave, de zancas impresionantes, calva y parda, de ojos pequeños, como la mitad de un huevo de gallina sobreviviente al fusilamiento telepático de la ciénaga. Y la avestruz era bella, porque caminaba estúpida alrededor del perro, con sus piernas impresionantes, haciendo nubes en la tierra amarilla, bajo la estrella más famosa, calentándose sus desnudas plantas, qué genio habrá inventado las medias y los zapatos y la telepatía. Giré el volante porque el avestruz no sanaba, ni en mi cuerpo ni en el suyo. Esta vez con lesiones más graves en el tiempo, aparcamos y apagamos, se detuvo el ronquido y el mamífero temblaba de furia con la imagen del ave que caminaba herida y libre. ¿Por qué estaba encadenado el perro? Ya no salía sangre y parecía ser un cuerpo fuerte el que atendía las urgencias de la herida, subimos otra vez, por encima otra vez y lo hice roncar, un relincho de caballo metálico envolvió el auto en un meteorito afanado hacia la ciénaga y vimos hacia atrás como el prisionero clavaba sus dientes babosos en la espalda suave y como gritaba inmóvil, el día, el espejismo de gargajos verdes. No regresamos esta vez, tenían que matarse y abastecerse. Ya en la ciénaga el copiloto llevaba un número mucho mayor de gallinas muertas, es que estaba distraído, el buldózer debía estar arrastrando el cadáver hasta su estaca y satisfecho, dejaría el cuerpo a la rapiña y estas aves pequeñas graznarían porque están comiéndose a la de los huevos más grandes, quería devolverme y este mozalbete sí está haciendo lo que se hace en la ciénaga, explotar las gallinas con el pensamiento, devolvámonos, pronto, hay un avestruz despavorida, haciéndose idéntica a su calavera, explotémoslo, al buldózer.
Atravesados, como gargajos verdes en el sol, rápido llegábamos al círculo antes de la ciénaga, de tierra amarilla, en un espejismo de gargajos verdes, el copiloto mudo y yo, estábamos sudados, bajo la estrella más famosa que calentaba lo sesos polvorientos en el cráneo del buldózer, que una avestruz picoteaba.
18 septiembre 2008
Ayuno
He venido aquí a descifrar el método de la mosca
Un relevo que me encoge y desenrosca
La cabeza
Cada que desaparecen los fondos vacíos
Otros cuerpos, semi-rocíos
Promesa
Los días están lEvando las faldas de los ejércitos sexuales
Los ruidos desde atrás operan con sangres y rituales
Reza
Trituradoras heroicas, caníbales dementes
Mi pinza quebrará tus dientes.
Besa
Un relevo que me encoge y desenrosca
La cabeza
Cada que desaparecen los fondos vacíos
Otros cuerpos, semi-rocíos
Promesa
Los días están lEvando las faldas de los ejércitos sexuales
Los ruidos desde atrás operan con sangres y rituales
Reza
Trituradoras heroicas, caníbales dementes
Mi pinza quebrará tus dientes.
Besa
06 agosto 2008
Jeroglífico
Puedo ver y sentir todo el mundo en mi mente
Puedo ser y correr, por mis palmas demente
Puedo ir y venir de los mundos lejanos
Puedo huir e intuir, los pecados paganos
Puedo detallar
Puedo azarar
Y aunque siembre con tinieblas
Puedo
Amar
Puedo ver, dibujar, países más divertidos
Puedo ser, navegar sobre los invertidos
Puedo ir y sufrir, colapsos incorrectos
Puedo huir, suele urgir, con temores colectos.
Puedo mesurar
Puedo sin compás
Y cien años en un vaso, valen todo
Y puedo ser de lodo.
Puedo ir y venir de los mundos lejanos
Puedo huir e intuir, los pecados paganos
Puedo detallar
Puedo azarar
Y aunque siembre con tinieblas
Puedo
Amar
Puedo ver, dibujar, países más divertidos
Puedo ser, navegar sobre los invertidos
Puedo ir y sufrir, colapsos incorrectos
Puedo huir, suele urgir, con temores colectos.
Puedo mesurar
Puedo sin compás
Y cien años en un vaso, valen todo
Y puedo ser de lodo.
03 agosto 2008
Vuelta al lago
sínicos perfumes
de válvulas aladas
somos superficie
de órbitas cortadas
aún cuando las casas
de pájaros se quiebran
hay lunas en ellas
Cuando los cielos mienten
somos efervecentes
esos cielos, nuestros cielos
Todo lo que no es silencio
son actas paranóicas
todas las centellas vuelan
por tus manos supersónicas.
Solo i conoce la música para este poema
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